martes, 31 de agosto de 2010

Perros perdidos





Somos perros perdidos caminando por la calle sudorosa

Llenas de perros perdidos como nosotros, cada uno tiene su historia

Nuestras lenguas sedientas, el polvo nos ciega

Caminamos a tientas siguiendo su aroma

La calle es una gran vagina en la que nos adentramos

En el calor de la noche, nos espera y sonreímos

Los perros perdidos tienen su casa en ella

No pregunta tu nombre, tan solo te acoge

Ella es buena, te acuna en la noche

Y te protege de la gente durante el sol

Somos perros perdidos caminando sin destino

Nuestro mal es el tuyo. Esta calurosa noche

Hemos perdido.

Nuestros corazones gritan nuestra vergüenza

No nos importa. Nos sentimos vivos.

Ella nos acoge. Duerme nuestra pena

Nos dice hasta mañana sin juegos ni orgullos heridos.

La calle con sus luces me recuerda al brillo de sus ojos.

Los llevo tatuados en mis brazos. Cada día que te abrazo

Al sentirme perdido.

Azar





El azar no es casual. Todo depende del lado de la moneda que eches a rodar. La fuerza e intensidad de tus dedos al hacerla girar harán que el drama dure más o menos pero al final...nada es casual.

La moneda terminará mirando con esos ojos claros, como de niño hacia el cielo, reflejando el brillo de otros ojos, lejanos que sonríen.

Cuando tiras una moneda al aire no depende de la casualidad. El empuje de tus dedos al lanzarla hacia arriba junto con el lado elegido determinarán hacia dónde se decantará el destino. Nosotros intervenimos no lo dudes amigo.

Ahora bien. Hay cosas que se escapan a mi juicio. Nunca entenderé el azar en playas masificadas de turismo. No puedo entenderlo pero creo haber percibido un brillo sonriente...

domingo, 29 de agosto de 2010

Rojo, verde, ámbar.




Anoche creo que te comenté algo sobre la traicionera beatitud de las horas oscuras en las que presos del más denso alcohol, nos volvemos ajenos a nosotros mismos. Extraños para nuestras neuronas espejo.

Esta noche ha sido continuidad de la anterior. Si cabe, hemos atado más cabos. Lo primero es contar las sonrisas que nos hemos encontrado. He respondido con mi mejor repertorio y en algunos casos, amansado a fieras.

En otros, sólo he encontrado el frío yermo de un tirano venido a menos con el paso de los años. Uno de esos seres estancos, estancados, estampados en serie, estatutarios, estratificados al mismo lema, estalinizados por su mera presencia, seres de estraperlo, lo dicho. No me siento dolido por ello. He sonreído lo mejor posible coherentemente a mis deseos de verte. En ocasiones logro arrancar algo de ti, con ello me basta. Lo demás no vale nada si no lleva tu olor.

Puede ser que hacerse viejo sea algo inevitable, puede ser, más si hacerlo es sinónimo de perder trozos de ti, lastres más o menos pesados debería discutirlo con el que pone el sello a nuestras partidas de nacimiento.

Asumo que llevo muchos años de sereno envejecimiento soltando anclas oxidadas. Creo que es algo que venimos compartiendo últimamente. La oferta de defunciones no es la misma que la demanda de nacimientos. Puede que aparezcas en mi vida como un semáforo en ámbar, intermitente, con múltiples caras y rarezas mal disimuladas. No me importa. Me encantás.

Puede que tú desaparezcas de mi vida como un semáforo en rojo, estático, con una misma cara de inflexible rectitud de ideales que te sirven para justificar todo, incluso la ausencia de cariño en tus caricias verbales. No podré impedirlo. Partirás.
Puede que aparezcas en mi vida como un semáforo en verde, sonriente de labios rojos, con una mirada tan convincente que hasta la justicia se quitaría la venda para verte. Completamente parcial. No es un delirio. Llegará.

Mientras mis augurios se ponen de acuerdo, llega el momento de regresar a la vigilia del sueño. No distingo ya si fuiste o eres real. La niebla de las culpas ocultan los restos.

Volvemos a puerto. La noche es agresiva. Puede que haya algún muerto. Evitamos males mayores. Me gritan que me aparte. No pienso evitarlo. La gente está demasiado borracha. Podré esquivarlo pero tú amigo, no quiero verte caer. Fíjate en mí. La frialdad vale para algo aunque sudes vinagre y tu aliento sea ginebra.
Déjame llevarte a casa. Te pondré a salvo. Volvemos a dónde nadie puede tocarte. Este puerto y refugio dónde espero encontrarte aunque sea la estela de tu paso, aunque seas ámbar en mis manos.

sábado, 28 de agosto de 2010

Telón y us






El telón se baja con nuestras zapatillas viejas usadas llenas de polvo. La noche todavía aguarda. No es tarde para irse a dormir susurras. Nunca te hago caso, no insistas. Déjame en esta esquina. Todavía tengo algo que hacer. La noche todavía aguarda. La verdad es que nunca termina. Mis ojos están acostumbrados a ella. Por ello cada vez que veo una luz de neón me quemo como una polilla.

No hay nadie por las calles por las que suelo habitar. El alcohol se confunde con regueros de orines. Huele a viernes. Es tal vez demasiado tarde para empezar e incluso arrepentirse. Queda lo que queda, lo que puedes contemplar. Todo lo demás no existe. Es la magia de la palabra.

Los grupos repiten las mismas rutinas de cada semana. Los mismos locales, la misma música. No hay quien cambie esta dinámica. Nos sentimos seguros en ella. Bebemos las mismas cosas en casi idénticas cantidades. Sonríes a las mismas personas pues es la costumbre. De vez en cuando hay algún cambio aunque estamos demasiado perdidos para encontrarlo.
Entro en uno de esos mismos locales. Estamos los de siempre. No me sorprende. Soy recibido como un jefe de estado, con el himno que “Nadie sabe”. Inconfundible ese bajo ronco, casi colocado que repite una y otra vez…”nadie sabe”. Me animo. Pido una cerveza. La gente saluda de manera sincera o no. Me importa poco la verdad a estas horas de mi vida. La sinceridad es un arte que pocos comparten, el mundo carece de artistas y sobra de cobardes.

Entablas conversación conmigo o yo contigo. Veo para el espejo, no estás. Será cosa del cansancio, suena “Where is my mind” y sonrío, sonríes. Vivimos tiempos extraños pronuncias. Tengo ganas de gritarte pero me contengo como casi siempre. Me pregunto cómo sería el mundo si dejase de ser extraño. Qué sería de ti y de mí. A quien le pediría un poco de aire, a quien besarías en silencio lleno de cómplices. ¿Cómo nos engañaríamos con tantas buenas intenciones?
Me doy cuenta de que estoy rodeado de ellas. Incluso yo mismo soy un proyecto lleno de ellas. El único problema es que he agotado mis noches de “promesas” . Esta concretamente es una continuación de ayer y anteayer. Caída en picado. Me preguntas si me pasa algo. Sabes que me gusta volar te susurro despacio, de esa forma que te obliga a acercarte un poco más, demasiado cerca para echarte atrás. Te cuento un secreto de buen amigo. No quiero hacerte daño. Te suplico un “lo siento” mientras me miras despacio. Asientes. Pareces relajado. Me pones una mano en el hombro y me dices, gracias. Me siento aliviado. Puedo seguir mi camino, me has liberado. Al mismo tiempo, me acerco un poco más a ti.

De todas formas insistes en tu pregunta e insisto en mis respuestas. Sabes, amigo, que me gusta volar.

A los Pixies le sucede Smashing Pumpkins, 1979, noche melancólica parece, todas esas canciones me recuerdan tanto que necesito parar. Cierro los ojos por un instante. Las imágenes me sacuden. Cientos de caras, risas, miradas, algunas cercanas, otras fingidas en la oscuridad donde solía encontrarte.
Siento un empujón. Eh! Vamos! Me gritas. Hora de cambio.
Vivo con ese lema en el papel higiénico. Hora de cambio.

El panorama empeora. Con lo bien que estaba dentro de mi cueva sonora. En la calle las masturbaciones son en masa. El porno es una proclama en cada sonrisa mal dibujada.

Entramos por turnos. La boca del infierno le llamas. Campo de nabos nos dice el portero. Gracias por el aviso “meu” le contesto. No tengo el cuerpo para incendios y más últimamente con el tipo de riego al que lo someto. Suena Red Hot, más viaje en el tiempo, pero no lo suficiente me digo pellizcando el pulgar por si fuera un sueño. Pido un agua. El camarero me mira extraño. Un agua por favor repito. Es el mar muerto, flotamos como podemos conviviendo tiburones con salmones.
Alguien ajeno me sonríe. Quiere vacilar. Sí que es raro venir a este antro y pedirse un agua, pronuncia seseante. Si la tienen es para vender respondo con un tono neutro. Empiezo a calentarme. Ya! Insiste el ajeno, pero es extraño y tiene huevos que pidas un agua en este garito. No sé qué perra le ha entrado a este tipo así que hago gala de mis habilidades diplomáticas en decadencia últimamente para espetarle. Lo importante “meu” es estar y no lo que bebes. Parece que lo entiende cosa que me sorprende dadas las horas que son. Me deja tranquilo. Paz firmada.

Me señalas con un dedo. La boca del infierno le llamas. Ahora lo entiendo. La gente tiene la cara desfigurada, descolocada. Estamos en el interior de lo abstracto. Eso es algo que a menudo vivimos. Nunca me ha gustado, te digo. El qué preguntas. Lo absurdo y lo abstracto.
¿A qué te refieres? Curioseas.
A lo absurdo del aviso del portero, a lo abstracto de buscar los consuelos que nos hacen dormir despiertos. A lo absurdo de este amigo tuyo cansino y borracho. A lo abstracto del deseo y los sueños desdibujados. Respondo pausado.
Es cosa de la neblina de este antro respondes. Puede ser susurro para mis adentros no muy convencido, puede ser.

Decido irme. Ha sido suficiente. Siempre lo es hasta que me hago daño. No necesito más dosis de realidad encapsulada ni palabras camufladas, ni llamadas no contestadas. Creo que ha sido suficiente por una larga temporada. Tengo la inspiración suficiente. He bebido tanto de su sangre como para alejar al blanco del papel.
Sonríes. Sabes lo que pienso más no lo que siento. Es mi ventaja sobre ti. ¿Tienes lo que has venido a buscar? Preguntas irónico.

Sí, nada más entrar la vi. Ella nunca se esconde. La tengo siempre en mi cabeza.
Rompes a reír mientras que irónico te contesto. Es lo que vas a cantar.
El telón se baja más no para mis ojos que te buscarán siempre, aunque no puedas verme.

martes, 24 de agosto de 2010

VII




Tengo tus ojos sobre las palmas de mis manos
trato de cerrarlas, ocultarlos de la luz
La marea nos arrastra, perdemos todo calor
mientras nuestro cuerpo pide calma
mientras nuestro cuerpo se desarma
con una simple sonrisa
el mundo se acompasa
sin prisas, sientes la punzada
el tiempo llega a su fin
es una costumbre tuya, no lo dudes
eres experto en sí.

Tengo tus ojos brillantes flotando sobre
las palmas de mi mano
la línea del horizonte es mi meta
tu ya estás sobre ella
lejos, tan lejos que me duele
tan lejos que ya he perdido
sin haber salido a por ti.

Tengo tus ojos sobre las yemas de mis dedos
dentro de ti, cosido a ellos experimento
la alegría no es cosa de niños
ellos juegan con la inocencia
mientras nosotros jugamos en ella.
Aprende rápido me gritas. No tenemos tanto tiempo.
Dame una patada.
Despiértame de este lado del mundo
dónde nadamos en nubes de cielos alquitranados.

Tengo tus ojos sobre mis labios cerrados.
dentro de ti, fuera de mi...
la verdad es dura por más que la endulzas
con palabras llenas de ternura.
Estás tan lejos que apenas las escucho.
Estás tan lejos que apenas te escucho.
Dame una patada.

Hazme sentirte real. Las monedas bailan
al caer de nuestros bolsillos con agujeros.
Nadie me avisó del peso de mis huesos
nadie me avisó del peso de mis gestos
y ahora, en esta momento, el viento me empuja
hacia la orilla desde donde
te podré contemplar.

lunes, 23 de agosto de 2010

El hombre cuchara






Sostengo una antigua cuchara entre mis dedos. La encontré de casualidad entre restos de vidas pasadas. Pequeños tesoros olvidados a conciencia. "Imagino su cara dentro de 50 años. - pensó, quizás mi abuela".

La cantidad de historias que ha paladeado esta cuchara podría llenar estanterías con infinidad de pequeños retazos de la vida de personas anónimas en el tiempo. Esta cuchara si hablase sería la musa de cualquier escritor, director, guionista. Sin embargo está haciendo malabarismos sobre mis dedos mientras observo atento sus detalles.

Creo percibir algo, un pequeño zumbido. Creo que quiere decirme algo. Espera, tiene una historia que contarme.

Cada pedazo de ti en mí. Te he visto nacer y te he visto morir cientos de veces y tan sólo ahora, por un extraño capricho, decides escuchar. - comienza a susurrarme.
Hace años una persona tan sabia como imprudente me dijo lo siguiente: “El secreto de la felicidad radica en saber disfrutar del momento en el momento adecuado “.

Estas cucharas están llenas de vida. Eso me recuerda que tengo un tazón enorme de cereales esperando por mí a estas horas. Voy a saborear un poco del presente con cierto toque a pasado pensando en mañana como un día en el que la luz me permita darle la razón a ese "hermano".

martes, 17 de agosto de 2010

Clint, invita a otra ronda, haz el favor.




Se hace tarde mientras balbuceo sin parar “lo siento”.

Las horas se condensan. Estamos en un bunker de tiempo.

Paredes decoradas. Clint nos observa y no dice nada.

No hay oportunidad. Dilato la copa. No necesito más.

Desconozco si fuera es Otoño o Invierno.

Aquí dentro nada importa. Una mesa y una figura que

nos observa con dioptrías aumentadas.

Señales, cambia de tema. El árbol cae entre sonrisas.

Sin hora. No seré esclavo del tiempo

Aquí dentro, protegido. Sin hambre y sed.

Esto es la magia. Percibe el momento.

Todo es diferente si lo pronuncia tu boca.

Eso es magia. Descubres entre silencios.

Todo es distinto si lo calla tu boca.