lunes, 4 de junio de 2012

Viejo

Hoy puedo decir que he renunciado a mi mismo. Prometo morirme pausadamente, hacerme más lento, más conservador, menos literario. Prometo dar rienda suelta a las rutinas, las diatribas y las romerías. Colgaré bolitas de naftalina, contaré cada moneda para llegar a final de mes. Criticaré a las jóvenes por su vida malgastada, enviudado por la soledad. Prometo sentarme cada mañana en ese banco maltratado como yo mismo, con migas de pan y palomas que picotean cerca, a mi lado, los pies. Prometo enfermar con cada suspiro de aire y perder la vida con todo lo que hice antes. Prometo envejecer, perder la vida con palabras amontonadas como cabezas guillotinadas.

Guillotina

Las voces pugnan por salir a flote. Una por encima de otra, se amontonan como cabezas guillotinadas. Ponemos cara de habernos entendido. Cambias de tema y la lluvia arrastra toda la basura acumulada. No creo en las palabras. No quiero palabras. Prefiero los gestos, tus gestos, serenos, llenos de sentido, religiosos hasta el fundamentalismo. Me quedo con tu mirada, quieta, atenta. Tu boca expectante, acechando una sonrisa. La nariz que me busca, latente, acompasada de latidos. Vida. En ese breve espacio de tiempo en el que me olvido de mi, doy gracias a quien quiera escucharme, por ti.

martes, 10 de abril de 2012

Ermitaño

Son risas las que se escapan a cada segundo de nuestro lado.
apenas cercanas, se van apagando.
huérfanos de padre y hermano
mordiendo algodones
ocupando espacios.

Son prisas las que le entran al hombre enamorado
apenas sensato, se va conquistado
huérfano de futuro y pasado
mordiendo tus labios
invadiendo espacios.

Ahora se va lejos, el ermitaño
el de corazón frío, templado
a golpe de martillo rezando
por dejar de ser huérfano
de presente y segundos
y poder regresar cerca,
a tu lado.

jueves, 30 de junio de 2011

Un dia ordinario

Me arrancare la piel a tiras
me arrancare el corazon apagado
dejare mis venas abiertas
cada vez que me vaya de tu lado
cada vez que renuncie a ti
me quitare los ojos
me cortare la punta de los dedos
dejare mis heridas abiertas
cada vez que me vaya de tu lado
cada vez que renuncie a ti

conducire despacio mi coche
lejos lejos de todo
intentare apretar mis visceras
y aguantar la respiracion
hasta que todo haya pasado
hasta que vuelva a empezar
curado

domingo, 5 de junio de 2011

Nadie las puede tocar





Las estrellas no se pueden matar. Es de las pocas cosas que el viejo solía murmurar sobre su vieja y destartalada barca.
El día se hacía solitario, la noche te traicionaba con las sombras de la soledad más absoluta en medio de la mar.

Las estrellas no se pueden matar y encerrar bajo llave. Ellas son de las pocas cosas sin corromper. Mira hacia su alrededor, no hay fronteras para extender el dolor que sus manos cortadas por el sedal gritan a cada gota de roja tinta.

Esboza una mueca. A mi edad tendría que estar cuidando a unos nietos. Nunca llegaron. Ese camino se llenó de maleza con la muerte de su mujer, siendo ella muy joven, con su primer embarazo. No hubo más. Tenía el anzuelo clavado, enterrado en las vértebras.

El dolor se mezcla con el dolor. Aprieta los dientes. Se debate entre la clemencia y la rendición. Teñir una con la otra sería fácil. "Nadie te observa"- murmura. "Déjate caer". Deshace el daño. Nada puede hacerle daño ya. Ha pasado el umbral en lo que lo mundano deja de ser importante. Lo prioritario ahora es dejarse caer, mirar hacia las estrellas que nadie puede matar, susurrarles lo cansado que está mientras las olas acompasan el sueño de los cansados ojos azules del viejo.

martes, 31 de mayo de 2011

Turistas




Existen dos tipos de turistas. Los que pagan peajes o los que prefieren quedarse en sus camarotes.

Cada día en el que renuncio a visitar el paisaje de las palabras honorables, de las ideas preclaras, de las fuentes cristalinas sin fango que las enturbie, pago un peaje.

Cada día es un divorcio con mi parte menos mundana, aquella parte anciana donde los códigos son para todos iguales. Pago un peaje.

Cada semilla que dejo crecer en mi de rencor es un pellizco de amargura a este caldo humano formado por niño, hombre y anciano. Nos volvemos huraños con nosotros mismos y con el prójimo, no te digo. Pagas un peaje.

Sin embargo, las cosas y causas nos mueven. Nada permanece. Todo cambia. El paisaje que se aprecia por tu ojo de buey es una parte del todo que desde tu camarote se reducirá a la mínima expresión. Al final, pagarás un peaje.

Siéntate, ponte cómodo. Yo me bajo de este barco a la deriva con mi mochila al hombro a la búsqueda de nuevas buenas intenciones. Disfrútalo, estás a salvo de todo mal hasta que una noche te despiertes entre sudores fríos entre ruidos lejanos apagados. Es como si el sonido escapara del aire. Gritarás pero nada saldrá de tu boca. Aprenderás rápido a tener calderilla para los próximos años de peajes. Turista secuestrado. Pagarás peajes.

Me pondré a salvo de tu pesadilla, de mi pesadilla. Viajaré en busca de buenas intenciones con mi mochila llena de agujeros al hombro y una sonrisa de alivio por no haberme hundido contigo.

viernes, 20 de mayo de 2011

Sonrie

Dicen que odiar es para perdedores
me siento un eterno perdedor a tu lado
me recuerdas todo lo que no he logrado
y no puedo más que agradecerte lo bueno de tu sonrisa

Dicen que amar es para soñadores
me siento un eterno soñador a tu lado
me recuerdas todo lo que siempre soñé
y no puedo más que odiarte lo bueno de tu sonrisa

Dicen que perdonar es curativo
me siento un enfermo crónico a tu lado
me infectas las heridas con cada vacío de tu ausencia
y no puedo más que decirte, te amo.