jueves, 7 de abril de 2011

Adicto

A mi alrededor todo carece de olor
Las señales químicas se venden en frascos
Mi nariz te busca, soy tu adicto
Y finjo no saber más de ti

Corro, la arena me delata
El sol me señala con su mirada cansada
Imagino la tierra sin palmeras de lata y puentes
Y finjo ser feliz aún sin ti

Creo que podré lograrlo
Cerrar las puertas, volver a intentarlo
Esconderme de todos menos de mi

Pasas de largo, sin dejar huella
No te importa
No te importa
Mañana ya terminó
Es tarde, tienes sueño
Vete susurras, necesito más
Necesito un poco más.
Frascos vacíos
En la existencia del hombre nada.

viernes, 25 de marzo de 2011

Sentido

Todo lo que una vez fuiste se escribe en una palabra que sólo tu fino sentido del oído puede ignorar.

domingo, 20 de marzo de 2011

De cara a la pared

De cara a la pared, llorando
todo se vuelve extraño
Llorando, no hay nada ni un quizás
De rodillas contra la pared todo arde
y las lagrimas se evaporan en tus manos
Te quiero amar te quiero beber, saborear...
otra vez.

Las entrañas gritan de cara a la pared
todo deja de ser extraño
llorando lo veo todo claro ni un quizas
no hay colores solo impresiones

De cara a la pared llorando
todo se vuelve mas claro ni un quizas
ni un porque, solo

domingo, 13 de marzo de 2011

Sobrevivir entre las sobras.


Sobrevivir supone renunciar a todo lo que te importa salvo una cosa. Tú mismo. El precio a pagar puede que no compense por las noches. Se hacen extremadamente largas si no tienes a alguien a tu lado que te recuerde que no todo es tan terrible. Que al calor de una hoguera, todos los demonios son iguales. Sombras.

A tu alrededor un mundo de sobras. No hace falta nada para llevártelas a casa. Lo perdiste todo en tu última apuesta. Ahora te sientas ante una agónica hoguera temblando por el frío de tus miedos.

Mañana será otro dia. Tal vez salga el sol y sea fácil secar lo poco que queda. No tienes más opciones. Continuar caminando. Es lo que pedias la primera noche. Una oportunidad. Te dije que tuvieras cuidado con lo que deseabas. Mírate ahora. Tan miserable que hasta los cadáveres se rien de ti. Ellos corrieron mejor suerte. Te queda un largo camino. Elije bien el destino y a quien otorgas el cartel de amigo.

Consuélate. Hazlo de una vez para dejar tan lastimero rastro. Levanta la cabeza, apaga los rescoldos y sigue caminando. No te detengas. Tienes un enorme y vasto mundo como baño. Nadie te observa.

Si quieres que te deje tranquilo de una vez, que no me asome a tu conciencia desde los oscuros rincones de tus instintos prométeme una cosa. No te detengas ni malgastes tus lágrimas. No crecerá nada aunque con ellas empapes esta sucia tierra devastada. Ahorra ese líquido para la larga travesía que te aguarda.

domingo, 13 de febrero de 2011

Abrázala fuerte




Ella solía abrazarlo fuerte por las noches. Le aterraba dormir sola. No le importaba tanto el nombre como el hecho de sentirse sola.
Me lo decían sus ojos. No hacía falta que abriera la boca.
Ella solía murmurar que estaba muy caliente mientras él, a kilómetros de distancia de alli, notaba sus manos entumecidas por el frío. Le pide un beso. Él acepta sin protestar. Sigue el ritual. No deja lugar a la duda.
Mañana se despertará sola. Los dos sabrán que tan sólo ha sido un sueño.

Pasan las horas. Sus ojos no se cierran. La simple idea la mantiene despierta. Sus miedos se hacen dueños de sus manos temblororas. Busca otras. Las encuentra terríblemente frías. Sabe que no está soñando.

Él se hace el dormido. Le da la espalda. Construye un muro de carne fingido. Espera paciente a que ella recite su último suspiro. Aprovecha el momento exacto para susurrarle al oído a modo de disculpa, "sé fuerte", mientras le abraza y besa quitándole el último aire, lavando sus mejillas ahora frías, congeladas.

lunes, 31 de enero de 2011

Voces





Enciendo la radio. Su anestesia no tarda en entrar por mis oídos dilatados. pronto su cálida voz me relata horrores lejanos y eso me hace apretarme más contra el asiento de mi coche. La sensación de seguridad es un espejismo tan frágil como el cráneo de un hombre golpeando contra la luna delantera tras un accidente.
Me asquea su civilización y la nuestra. No hay varias. Son el mismo perro con distinto collar. Unas más tolerantes que otras pero con mucha mierda bajo la alfombra. La diferencia tal vez radica en los esfuerzos por parecer menos mala que la del otro extremo del mundo. Observas todo lo que te rodea desde un único prisma, el que te han inyectado desde que eras un ser tan inocente que no temerías que un lobo lamiera tu mano.

Cuando te haces mayor, las cosas no suelen ir a mejor aunque la sensación de poder volar es tan fuerte que te olvidas de lo que pierdes en el proceso.

Creo que he elegido en mi vida lo que he querido y no he querido. He tenido esa posibilidad al menos, o eso me han hecho pensar.

Cuando pienso en que los efectos de la anestesia empiezan a desaparecer y con ello el dolor despierta de su letargo forzoso, cuando pienso en ello me viene de repente a la cabeza la idea de poder elegir, tener la opción de hacerlo. Esto incluye la opción de rebelarse contra el propio sistema, pero no quiero de momento, no me lo planteo a corto plazo. Recuerda, la anestesia.

Escucho entonces la voz, la cálida e incluso lasciva voz de la comentarista que desde la radio relata horrores lejanos con esa voz tan cercana que me quedo atónito escuchándola sin reparar en que más allá de los mares, las voces son muy dispares.

jueves, 20 de enero de 2011

Mi padre y el cambio

Mi padre no cambiará el mundo. Su transcendencia quedará impregnada en mis genes no en mis actos. Pocas veces intercambiamos miradas civilizadas cuando llegué a esa edad en la que me creía en posesión de toda la verdad.
Pocas veces intercambiamos ideas. El mundo era uno, tan sólo uno. Sin alteración de los colores conocidos.

Hubo una época en la que mi padre creía en la capacidad del hombre para cambiar las cosas. Fue una etapa fugaz. Después murió un padre y nació otro.
En esa etapa mi padre luchaba por sus compañeros. Creían en una utopia a sabiendas de que no triunfarían. Pronto se descubrió la verdad de la utopía. En cuanto el patrón apretó una boca hambrienta aquí y allí la turba volvió a su redil y mi padre quedó como cabeza de turco. Era el enlace sindicalista que todo trabajador quería a su lado. Fiel hasta la estupidez.

Tras eso todo cambió. Su mundo con él.

Con los años mi padre llegó a ser un importante empresario. Directivo de muchas entidades cuyos intereses asociativos tenían como fin último, transformar la sociedad para bien. El fin último lo llevaban hasta el extremo.

Fue una etapa de tensa y continua disputa. Él defendía los intereses del capital. Su hijo defendía sus intereses que tomaban del capital lo mejor y desechaba sus miserias. No hay equilibrio posible. Es una mentira. El sistema tiende a corromperse como bien aprendió mi padre hacia el final de su etapa como empresario activo.

Todas sus proclamas, todos sus anhelos de mejorar las cosas, de ver crecer nuevos proyectos se veían una y otra vez cortados de raíz por sus propios compañeros de cenas. Mi padre asistía a muchos congresos, participaba en reuniones con políticos y mediocres similares para traer cambios. Se lo pasaba muy bien. Parecía que estaba metido en algo gordo, algo realmente importante. Todos reían. Tanto con como sin él.

Lo que se aceptaba como algo coherente en dichas reuniones era luego enterrado por esos hombres de trajes caros y coches oficiales previo pago en especias a los de ciertos regalos para mirar hacia otro lado. Nada cambió. Todo permaneció igual. Salvo mi padre. Se fue apagando.

Su fe y esperanza en algo mejor murió con él.

He aprendido la lección. No mirar hacia delante sino al pasado. Ahí tengo todas las respuestas. Una de ellas es que mi padre creyó más en mi que en si mismo. Creyó más en las manos sudorosas de sus camaradas de barco que en los silencios prolongados de mi madre cada noche, durante cada año.